miércoles, 13 de febrero de 2013

Temas Zacatecanos, página en Facebook

Desafortunadamente no es fácil encontrar bibliografía sobre Zacatecas, sin embargo, en las redes sociales comienza a darse un interés particular en nuestra historia, cultura y tradiciones, y se han ido creando algunas páginas orientadas a la difusión de material fotográfico e historiográfico.

En Facebook se puede encontrar, por ejemplo, la página Temas Zacatecanos, cuyo nombre está inspirado en el libro homónimo escrito por Federico Sescosse Lejeune. En ella podrás encontrar a un creciente grupo de gente interesada en conocer, comentar y compartir la historia de la ciudad de Zacatecas a partir de fotografías antiguas, ilustraciones y maquetas publicadas por el administrador de la página.


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viernes, 20 de abril de 2012

Karen de la Cruz - Teleférico


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Tomada del grupo Fotografías de Zacatecas en Facebook, con autorización de la autora.

miércoles, 29 de febrero de 2012

David Ricardo Corona Espinosa - Fundición de Plata

Fotografía tomada en el Taller Migdalia Rivera, en el Centro Platero de Zacatecas.


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viernes, 24 de febrero de 2012

Simitrio Quezada - Detalles más, detalles menos

Detalles más, detalles menos
Simitrio Quezada

Tanto se insultaron, se hirieron tanto, que ya no podían separarse. Jaime venía de una unión libre malograda y Rina de un noviazgo de ocho años tan apasionado como fallido. Se encontraron como aves huérfanas, insectos acosando un foco, hojuelas de nieve que caen en el mismo charco. Se reconocían desafortunados y obsesivos. Se necesitaban para quejarse; para matar y morir en episodios naturalistas, en remedos de novela rosa depresiva. Jaime mordía los labios de Rina para sentirla amada y ella presionaba sus omóplatos con un denuedo impostado.

Se citaban en Sanborns para tomar el café más irritante. Entre chinas poblanas se reprochaban tardanzas y celos. Tras pagar la cuenta y no dejar propina, iban al depa de Jaime a masturbarse con rabia: él encajaba la lengua, atento a sus gemidos; ella le oprimía el miembro en intentos de una venganza que no comprendía.

Habían nacido para encontrarse y destruirse, si no con amor, sí con misericordia. Un hado nietzscheano los destinó a tener pasados negros para que su eclipse fuera mutuo solaz. Siempre buscaban consolarse con música de Piazzolla y baños de licor barato. Sus sesiones amatorias no tenían nada de extraordinario, pero finjían placer para engañar al otro. Sin lugar a dudas formaban una pareja justa.

En ausencia de Jaime, ella iba al departamento a escribirle poemas en la pared y los firmaba con vino. Pero el jueves en que él decidió regresar con su ex, la firma de Rina fue de sangre.

Todo comenzó con Irma Arras. Amiga de la ex de Jaime, una tarde vio a Rina con el casado y fue a contar todo. Después de agradecerle, Olga telefoneó a Jaime para que fuera por las cosas que aún estaban en su casa. Cuando él llegó, Olga quiso recuperarlo con su desnudez, esperándolo sobre la piel de tigre donde antes hacían el amor. En un principio él se resistió, pero la lengua de ella fue subiendo por su muslo izquierdo. Cayeron abrazados sobre el escritorio de caoba, cerca de la foto que se tomaron en su último viaje a El Tajín.

En el fragor de la segunda acometida, sonó el celular de él y Olga lo alcanzó para apretar el botón Contestar. Eso descontroló a Jaime: supo que hablaba Rina, quien lo esperaba desde hacía veinticinco minutos para ir al cine. El tiempo había pasado rápido para él y, a pesar de su respiración ajetreada, no cortó la comunicación; pero al quitarle el teléfono a Olga tampoco supo qué excusa inventar. Volteando a la ventana, la ex ocultaba su sonrisa de triunfo. Rina sospechó lo que sucedía y colgó irritada. Jaime no salió de su estupor: no sabía qué hacer, ni siquiera cuando Olga lo rodeó con sus brazos para tumbarlo de nuevo.

Jaime no se explicaba lo que había hecho Olga. ¿Sabía ella que fue "la otra" quien llamaba o sólo quería averiguar quién era? ¿Por qué en medio del acto respondió a una llamada ajena y sin voltear al identificador? "No quiero saber quién era", dijo Olga. Quizá sospechaba algo. Dándole un último beso se levantó para, todavía desnuda, ir a la cocina.

Jaime se debatía entre la ira y la conformidad. ¿Sería que el destino buscaba disuadirlo de seguir con la niña de veintidós para recuperar su relación perdida? Poniéndose la trusa, pensaba en el apoyo que le dio Rina cuando la relación con Olga comenzó a perder encanto. Pero, por otro lado, los labios maduros que acababa de besar le recordaban los tiempos felices de su unión. Consideraba las noches en la selva chiapaneca, cuando formaron parte de la brigada que llevó víveres a las comunidades zapatistas. Recordaba cuando se amaron sobre un barco anclado en Mazatlán, cuando contaron estrellas cerca de un manantial en San Luis, cuando se perdieron en Sahuaripa, pidiendo aventones... Seis años de unión libre los hicieron uno frente a la naturaleza y el mundo, pero el tiempo y la esterilidad física de Olga habían desalentado a Jaime.

En cuanto a Rina, él adoraba su juventud, su risa, su ánimo rebelde. Aun así todo caía con un enojo de ella, porque entonces era un dolor incluso hablarle. Se ponía insoportable, nada la contentaba y con cada ruego era más dura. La calma llegaba sólo cuando ella quería... Las dos mujeres habían sido problemáticas: Rina era muy voluble y la afabilidad de Olga rayaba en la rutina. Pero quizá ningún amor es perfecto, consideraba. Cuando la felicidad se asienta se convierte en masa que tapona el aire, que no deja entrar corrientes a renovar sentimientos.

Olga le ofreció una cuba. Quedó mirándolo mientras él se ponía el pantalón. Ella entendía que la persuasión es mejor que cualquier amenaza. "Demos otra oportunidad a lo nuestro. No lo dejes morir, Amor..." Finalmente, ante el enojo de Rina y el placer que volvía a darle la cópula con Olga, Jaime decidió –no estaba seguro, pero lo decidió– renovar la complicidad con la ex. Mientras Olga planeaba un viaje a Huatulco, él buscaba la forma de comunicar a Rina su nueva decisión. No podía ser en persona, pero tampoco deslizándole una carta. Un mensajero era lo peor y del teléfono ni hablar. En todo caso enviaría un correo electrónico a la mañana siguiente. Parecía que Olga leía sus pensamientos, pues entonces dijo que no quería saber nada del pasado: todo quedaba atrás para iniciar mejor "nuestra nueva vida".

Cerca de medianoche, el celular despertó a Jaime. Olga tomaba un baño y no escuchó el timbre con la sinfonía 40. Desde el departamento de él, Rina lloraba con gritos, asegurándole que cometería una locura si él la abandonaba. Jaime le pidió tranquilidad pero su petición fue apagada con más gritos. En la oscuridad el hombre tomaba las llaves del coche y salía sin hacer ruido. Olga, mientras tanto, se enjabonaba el vientre, canturreando.

La pared lo recibió con letra deforme: "Se deshacen mis raíces: no vuelves a llover/ púrpura cielo, verdugo, una mujer sin rostro/ parirá la sangre y no sabrás beberla/ porque tu piel mordida/ no vestirá las huellas de mi boca." Rina aún tenía el cuchillo en su derecha y contemplaba el techo con ojos entreabiertos. Del otro lado, el reguero carmín formaba una zeta gorda entre las líneas del piso. Él lloró al mirarla y llamó a emergencias. Dos minutos después volvió a timbrar la sinfonía, con el número de Olga en la pantalla. Jaime llevó la mano a la cintura y apagó el celular.

La batalla había comenzado. A las dos de la mañana la madre de Rina enfrentó al cobarde, quien sólo agachó la cabeza. A las seis cuarenta él dejó el hospital para ir por su chequera y encontró bajo su puerta un recado de Olga. "¿Por qué juegas conmigo, Amor? Sé que duermes con otra y por eso no abres. Sólo yo puedo hacerte feliz. Que sepa que eres mío." A las ocho catorce despertó Rina, pidiendo a Jaime que la besara. Él se acercó llorando y juró nunca más dejarla. Detrás de ellos, doña Luz dudaba de aquel hombre que abrazaba a su hija.

Al mediodía siguiente, Olga leyó el correo: "from: jcamacho@hotmail.com, to: olga1964@yahoo.com... Olga: Los últimos acontecimientos me impiden continuar lo que hubo entre nosotros. He cometido errores, dañando personas que no lo merecen. Será mejor que me aleje. Quizá la oportunidad que merecemos no está en la resurrección del pasado. No me contestes, porque igual no volveré a escribirte. Adiós para siempre. Jaime."

Olga lloró de coraje y telefoneó a Irma para que la consolara. Mientras tanto, Jaime cerraba la puerta a Rina poniendo en marcha el Chevy que los llevaría a pasar la Pascua en Querétaro.

De los dolores de Rina quedaba una línea rosa en la muñeca izquierda. Por su parte, Jaime había cambiado sus números telefónicos y trataba de olvidar su debilidad. Como en ese momento el equilibrio quedaba restablecido, terminarían de reconciliarse en el motel más decente que encontraran en el trayecto. Detalles más, detalles menos, lo mismo habían hecho la vez anterior.

lunes, 9 de enero de 2012

David Ricardo Corona Espinosa - Septiembre 15, 2011

Agradezco a mi buen amigo David por permitirme compartir esta fotografía de su autoría.


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lunes, 12 de septiembre de 2011

Anibal García Flores - A Zacatecas

A Zacatecas
Anibal García Flores
De: Desde Zacatecas, poemario de imágenes zacatecanas
Tomado de MyTlaltenango.com

Bendita ciudad de plata
que en el desierto floreces,
a tus tardes de escarlata
he cantado tantas veces
y mi alma te ha llorado
cuando me encuentro tan lejos,
por el recuerdo dorado
de mi amada y de mis viejos.

La rosa que ilumina tu cantera
en las calles y casas coloniales,
nos recuerda el color de primavera,
aún en esos fríos invernales.

El invierno es también una belleza
con una mezcla ocre y dorada;
acogedora paz, naturaleza
que inspira a contemplar junto a la amada.

Tus minas son prodigio de abundancia
al igual que tus campos de cultivo,
donde el frijol se llena de arrogancia,
por volver al desierto productivo.

Del angosto cañón de Juchipila
sus muchachas espléndidas y hermosas,
en charolas de barro de caxcania
trajeron las guayabas más sabrosas.

Del sureste, trajeron por presente
productores de fruto purpurino,
uvas para la copa de tu vino;
Luis moya, Villa hidalgo, Ojocaliente.

Del abierto cañón de Tlaltenango
Jerez trajo prodigios de piteado,
y desde el mezquital, bello poblado,
Trajeron oro y te trajeron mangos.

Aguacates te trae el cargadero
Mazapil y la concha: candelilla;
Valparaíso toros al torero,
y Guadalupe oro de capilla.

Y para que en tu feria haya alegría,
de pinos y huítzila por igual,
uno en desierto y otro en serranía,
te trajeron garrafas de mezcal.

Monte Escobedo luce su ganado
Junto al que Villanueva te ha traído;
Villa de cos, Fresnillo y el Plateado
a mostrar sus riquezas han venido.

Al mundo Zacatecas da la plata
De la mina más grande y productora;
Real de ángeles, que trae la serenata
De su veta brillante y seductora.

En Río Grande la gente se pasea
De tarde por su alegre malecón,
Dónde cada miércoles de ceniza
El carnaval alegra el corazón.

Como premio al tesón, la tierra ha dado
Un regalo de plata por fortuna;
Y para deleitarte, te ah obsequiado
La fruta más sabrosa, que es: ¨la tuna.¨

Tus llanuras nostálgicas y bellas
Nos hacen meditar profundamente
Con el cielo pletórico de estrellas
Que te coronarán eternamente.

Así pues Zacatecas, prevalece;
Siempre bella y altiva, con orgullo,
Desde que con las aves amanece
Hasta que las estrellas traen tu arrullo.

miércoles, 12 de enero de 2011

Adrián Villagómez - De regreso a mi tierra

Colaboración de Víctor Manuel Pérez Duarte.

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Originario del Distrito Federal, Adrián Villagómez llegó a Zacatecas a mediados de la década de los 90 en busca de seguir difundiendo su música, sin embargo quedó atrapado por esta tierra y terminó echando raíces en ella. Al poco tiempo de radicar en Zacatecas le alcanzó un viejo amigo y compañero de andanzas artísticas: Arturo Vargas, juntos formarían el dueto "Alebrije".

Ambos dieron muestra de su amor por Zacatecas al escribir "De regreso a mi tierra", una canción que habla de la añoranza de aquellos zacatecanos que se ven obligados a abandonar el suelo que les vio nacer para encontrar una nueva vida en los Estados Unidos. Dicha melodía fue reconocida con el primer lugar en el 1er concurso de la canción regional, tanto en la etapa estatal como a nivel región en la ciudad de Querétaro, Qro.


De regreso a mi tierra
Adrián Villagómez y Arturo Vargas Leyva

Calles adoquinadas
que caminó la historia,
campanas que al sonar
evocan el lugar,
mineral y cantera.

La noche que revienta
crisálidas de frío,
conduce una canción
hasta el fiel ventanal
donde espera tu amor.

Y volver a besar
tus labios de mezcal,
tu cintura de tiempo,
tus manos de viento,
tu piel de cristal.

Por eso es que regreso
y amanezco en tu día,
dentro de tu solar,
lejos de la maldad
que he vivido en el norte.

Aquí existe la fuerza
que miro en mis pequeños,
un sendero de luz
que no se apagará
mientras tenga tu abrigo.

Si pudiera escoger
donde enterrar mi piel,
tu vientre guardará
mis huesos al final,
tierra de Zacatecas.

Tu vientre guardará
mis huesos al final,
tierra de Zacatecas.
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Versión en vivo por Adrián Villagómez y Joyce Concepción; grabada durante el Noveno Festival Cultural Amado Nervo que se llevó a cabo en Tepic, Nayarit en octubre del 2009.

Agradezco a mi gran amigo Víctor por su contribución.

jueves, 7 de octubre de 2010

Simitrio Quezada - La muerte de aquel

La muerte de aquel
Simitrio Quezada

Lázaro Loera planeó el golpe en el entierro de don Abundio: el panteón de Huanusco nunca había recibido un difunto con tantos anillos y cadenas. Hasta el fijacorbatas lucía un brillo adiamantado. No podía esperarse menos del norteño que cuando fue presidente municipal llegaba con mezcal y tamborazo a saludar a quienes hacían fila en Agua Potable. También se había hecho famoso por construir una réplica del kiosco del pueblo en el patio trasero de su casa en Delano, California, donde por años fue contratista de la pizca de uva.

A las 11:17 Lázaro brincó la pared de piedra. Vadeó las tumbas más antiguas y casi cae al tropezar con una minúscula cruz de cemento en la sección de los niños. El olor de los claveles aún brincaba, por eso le fue más fácil encontrar la tumba.

¿Cómo había muerto don Abundio? Después de traerlo del aeropuerto, los pizcadores pensionados le hicieron una comilona con carnitas y chicharrones. En la última sílaba del verso "pero sigo siendo el rey" se llevó la mano al pecho. Cuarenta minutos después el primer sobrino declaraba que su tío siempre quiso ser enterrado en el pueblo; el segundo pensaba cómo aplacar a las amantes que ambicionaran tajada por los terrenos.

La cuarta loza fue la más difícil para sacar. Después Lázaro tomó tres descansos entre las casi dos horas del desentierro. Y violar la chapa del ataúd. A Don Abundio le aplicaron demasiado rímel. Así muerto se veía más gordo.

Quitar el fijacorbata fue lo primero. Siguieron los cuatro collares, la esclava, las mancuernillas y el prendedor dorado "Federación de Migrantes Zacatecanos". Faltaba lo más vistoso: el anillo con rubí. Parecía granote de granada en cuerito amarillo.

Se esforzó para separar las manos cruzadas. El dedo estaría muy engarrotado o eran los nervios de Lázaro. Pujó para jalar: jaló y volvió a pujar. Cuando al fin tuvo el anillo sintió un movimiento en las costillas del cuerpo sobre el que estaba montado.

Al levantarse por el susto, el anillo cayó a un lado de la cintura del cuerpo. ¿Todos los difuntos comenzaban a descomponerse con esos movimientos? El traje Wrangler le pareció más chillante. Se inclinó por el anillo y entonces escuchó el vahído y sintió el apretón en su muñeca.

Lázaro no supo cómo trepó entre la tierra floja y mucho menos cómo alcanzó la barda del panteón. Acostado dentro de su cuarto, veinticinco minutos después, seguía temblando y sin emitir sonido.

A las 7:38 de la mañana, totalmente recuperado del ataque y la confusión, don Abundio dio las señas para encontrar a quien llamaba su "buen ladrón". Le agradecería esa segunda oportunidad con el anillo y una cuenta bancaria que dos meses antes había prometido a sus precipitados sobrinos.

La abuela de Lázaro Loera le abrió desconsolada, llorando por la muerte del nieto a quien había matado un susto del que ella nada sabía.

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Simitrio Quezada (14 de marzo de 1975; Jalpa, Zacatecas) es Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas, con Maestría en Creación Literaria por la Universidad de Texas en El Paso. Se ha desempeñado como docente en la Universidad Autónoma de Zacatecas, Universidad de Texas en El Paso, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Universidad Cuauhtémoc Campus Aguascalientes, Universidad del Valle de México Campus Aguascalientes, Escuela Normal Manuel Ávila Camacho, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Zacatecas y Universidad Politécnica de Zacatecas y ha impartido talleres y cursos de Iniciación Literaria en diversas instituciones. Ha colaborado en revistas como Solar y Tierra adentro entre otras y publicado los cuentarios "Valle de Cardos" y "Afectos quereres" , así como la novela "Mi verdadera historia con La Livianita" (Premio Nacional de Narrativa, Primeros Juegos Florales Ramón López Velarde 2008). Actualmente es editor en jefe y contralor de calidad en NTR Medios de Comunicación, Zacatecas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

David Emmanuel Pazmiño - No me quiero ir, no quiero...

Vaya nuestro agradecimiento a David Emmanuel Pazmiño, joven estudiante ecuatoriano, por permitirnos publicar en este espacio su poema a nuestra ciudad y a nuestro estado.

No me quiero ir, no quiero...
(A Zacatecas)
David Emmanuel Pazmiño

No me quiero ir
No quiero olvidar
Las noches  tan bellas
Que por tus calles vagué
Bebiendo un buen mezcal
Bajo las estrellas.

No me quiero ir
No quiero bajar
De las grandes rocas
Que logré escalar
Para poder al fin
Toda tu belleza admirar.

No me quiero ir
No quiero salir
De este mundo de piedra
Esta  mina de metal
Que diera tu riqueza
A "su real majestad".

No me quiero ir
No quiero soltar
Esta cuerda que hace
Que sienta volar
Al viajar de cerro a cerro
Y tus cielos surcar.

No me quiero ir
No quiero abandonar
Este sitio arqueológico
Que se hubo de quemar
Aunque no suene muy lógico
Aquí me quiero quedar.

No me quiero ir
No quiero regresar
A sentir la presión
De la gran ciudad
Te extraño Zacatecas
…te volveré a visitar.

Y bueno, nadie mejor que el propio autor para presentarse.

Saludos, soy David Emmanuel Pazmiño, ecuatoriano, quiteño para ser más preciso, estudiante de matemática; justamente estuve en Zacatecas por un par de semanas, hace un poco más de un año en una escuela de matemática y en el poco tiempo que tenía libre visité junto a algunos amigos varios lugares de la ciudad, y me gustaron mucho, al igual que las costumbres y la gente.


viernes, 25 de junio de 2010

A propósito de la Toma de Zacatecas

Hace unos días se celebró el nonagésimo sexto aniversario de la toma de Zacatecas por el ejército villista, a propósito de la cual transcribo un texto breve que recibí por correo electrónico.

SANTIAGO CARRILLO MONTOYA, SUB-TENIENTE DE INFANTERIA. Entró por el Cerro Del Grillo. Sobrevivió a la Revolución. Escribió algunas cuartillas de la Toma de Zacatecas, se las publicó la SDN., y rescato cuando dice... "han de dispensar no poder tener mas detalles, pero el polvo levantado por la metralla y los cañones, el ruido de las balas cercanas y que cruzaban mi camino, el griterio de los que caían heridos, la atención puesta en el clarín de órdenes, impidieron observarlos..." 

Raymundo Carrillo Ramírez
Jerez, Zacatecas

Agradezco a mi buen amigo Raymundo.